lunes, 8 de junio de 2015

Cuerpo como construcción historia, social, cultural y simbólica

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El estudio del cuerpo como concepto y categoría de pensamiento, ha sido omitido de las teorías sociales  - aunque inmanente a ellas – debido a que es considerado un organismo y así, una dimensión meramente biológica y natural donde el pensamiento social no tenía lugar. Los estudios sociales, cualquiera que sea, necesariamente implican el cuerpo, aunque no se nombre y desarrolle explícitamente, como sucede en el Marxismo, que se asienta en la relación entre trabajo y cuerpo; más aún, en los movimientos contra el “racismo” y las inequidades derivadas del sexo o la preferencia sexual, lo que está en el centro de la discusión es,  precisamente, el cuerpo. Sin embargo, la psicología, la antropología y la filosofía han realizado avances importantes, especialmente en los procesos de construcción de la identidad y la cultura.

El interés contemporáneo sobre el cuerpo, según Turner (1989) corresponde a cuatro aspectos centrales: Primero, el florecimiento de la teoría feminista, propone los cuerpos diferentes como base de la desigualdad, que posiciona el cuerpo y la sexualidad en el centro del pensamiento social; segundo, la economía de consumo toma al cuerpo como su objetivo, es trasformado en mercancía y se convierte en blanco de la publicidad y el consumo; tercero, los cambios en la medicina con el surgimiento de medicinas alternativas que se reconcilian con el cuerpo como integralidad del ser; y cuarto, la secularización de la sociedad y del cuerpo disminuye el rechazo y la restricción al deseo y aumenta las posibilidades de mercantilización y comercialismo.

En esta dirección, la concepción simbólica del cuerpo influencia cómo los seres humanos se ponen en el mundo, en relación con él, con lxs otrxs y lo otro. Es a partir del reconocimiento del cuerpo y de lo que la cultura entrega que los sujetos construyen su identidad, son el efecto de un proceso de educación incorporal, en que el sujeto se construye momento a momento, por toda su vida y da cuenta de un orden social y cultural, de ideologías y estereotipos, que se compactan en las significaciones aprendidas y las creaciones que el sujeto realiza sobre su experiencia a partir de creencias sobre lo que es.

De acuerdo con  Lagarde (2006), la identidad es el conjunto de pensamientos y afectos que los otros y el sujeto tienen sobre su vida, sobre los otros y el mundo, que contiene lenguajes, movimientos e indumentarias que demarcan el límite y la frontera de lo propio y lo diferente; es un proceso de construcción permanente en relación con otros-as.

Las percepciones del cuerpo y su relación con la sociedad y las identidades se han ido modificando de acuerdo a los planteamientos de cada momento. Siguiendo a  Elías (1939), el proceso civilizatorio consiste en la restricción y transformación de las técnicas corporales y su significado, en el que se desplazan costumbres aceptadas durante un tiempo y posteriormente mal vistas, llevando a las personas a ejercer mayor control de sus placeres, por medio de sentimientos de vergüenza, asco, repugnancia, disgusto.

A lo largo del tiempo un sistema de representaciones, imaginarios y prácticas han dado sentido al cuerpo, han servido de base para la organización física y política de las ciudades o los pueblos, para la implantación de técnicas corporales, principalmente referidas a la privatización del manejo del cuerpo como función del escenario familiar y la relación con la construcción de las identidades personales y de género. Respecto a éstas identidades, el sujeto debe confrontarse con las influencias culturales, los modelos de referencia de la sociedad, las relaciones sociales y familiares, la educación; en relación,  las experiencias de vida individuales o familiares son la expresión de cómo el sujeto ha interiorizado estas  diferentes esferas respecto al cuerpo. Igualmente, cada cuerpo se forma su propia opinión de acuerdo a su experiencia.

Es por esto, que proponemos comprender el cuerpo como una construcción social, histórica, cultural y subjetiva, donde habitan los sentimientos, emociones, pensamientos, experiencias individuales; los cuerpos están en relación con otros y con el mundo. Es un espacio político privilegiado, donde se instaura el poder, pero también la resistencia que otorga autonomía, libertad y poder de decidir. En términos de Mélich (2010) la corporeidad asume la dimensión física de cuerpo que trasciende lo orgánico, esto significa abrirse a toda una serie de dimensiones, significa ser sí mismo, ser sujeto agente y activo.


Cuerpo como vivencia, experiencia de sí mismo, sensación y sensibilidad, razón y emoción. Cuerpo como territorio en el que circulan poderes, marcos sociales y culturales, pero también resistencias, subjetividad y multiplicidades, más allá del organismo aislado, sino sujetos corporeizados que se hacen en interacciones cotidianas vitales, emocionales y cognitivas. 

Finalmente, no concebimos el cuerpo fragmentado en dualidades: cuerpo/mente, cuerpo/razón, cuerpo/emociones, cuerpo/mundo, cuerpo/alma; sino, un cuerpo en totalidad con cinco dimensiones: emocional, cognitiva, psíquica, espiritual y física. 

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